Por las razones improbables que desconocemos de la
cibernética, al buscar información sobre Jerjes tras la lectura de Las lágrimas de
Jerjes, el señor Google me sugirió ‘Jerjes Óscar Esquivias’. Muy
modernamente me dije WTF a mí mismo mientras pulsaba el enlace resultado de la
propuesta, y en lugar de encontrarme a Óscar Esquivias interpretando al terror del Helesponto me topé
con Jerjes conquista el mar, primera novela escrita por Esquivias,
aunque publicada después de su
trilogía sobre el purgatorio en Burgos.
Aparentemente este Jerjes no tiene que ver con el personaje
histórico, aunque tiene ausencia de padre como en la obra teatral de Gomá
arriba mencionada, y lógicamente su título nos remite al fracaso persa de
Salamina. ¿Quién supera esta derrota y conquista el mar por fin, aunque sea
en Santander? Jerjes es un muchacho con discapacidad intelectual que trabaja
gracias a un programa laboral de inclusión junto con otro compañero en la
central de Telefónica en Madrid; vive con su madre y suele visitar el Rastro,
especialmente el puesto de una librera malcarada y gritona, buscando libros de
postales y fotografía.
El conflicto de la historia es menor: a Jerjes y su
compañero Duque no les dan muchas tareas y pasan ratos largos tomando el sol en
calzoncillos en las terrazas. Con una cámara que ha regalado a Jerjes el novio
de su madre hacen fotos a los edificios circundantes. La novela tiene un buscado
punto de vista inocente con el que Esquivias quiere reflejar cierta pureza de
su personaje principal, adquiriendo su carácter como tono del relato, y, tal
vez, apelar a un público juvenil. Pero el texto alcanza momentos en que esta
idea puede saltar por los aires: comienzan a fotografiar mujeres desnudas, uno
de los chicos tiene erecciones delante del otro, hay un potencial chantaje por
un libro conseguido en el Rastro… No obstante, todos estos conflictos o siguen
una línea o arco trágicos y terminan en situaciones manejables y discutidas de
manera amable, al menos según el punto de vista de Jerjes, que, como buen
personaje masculino joven de Esquivias, apenas se preocupa nunca.
Jerjes conquista el mar tiene sin embargo mucho
encanto en sus diálogos, en el diseño de su personaje principal, y en la
envidiable transparencia con que mira su vida. Su aventura tiene un aire
poético, dice Esquivias en su nota explicativa, como si se tratara de un poema
donde cada palabra y línea de diálogo fuera imprescindible. La precisión y el
ritmo existen: el libro apenas para -como Jerjes- y se lee en un santiamén, con
una sonrisa agradecida por la ternura mostrada por personajes con los que las
distopías habituales en la novela actual harían picadillo.



