
La economista Claire Alet y el dibujante Benjamin Adam han adaptado al cómic el tremendo volumen Capital e ideología, de Thomas Piquetty, dando como resultado este peculiar libro, ágil y bien llevado, en el que una saga familiar de propietarios y rentistas hoy venidos a menos, pero en el pasado se compuso de relevantes comerciantes y esclavistas franceses, sirve de hilo para explicar más de dos siglos de la economía occidental. Desconozco el libro original, pero entiendo que no había ficción en forma de personajes.

La estructura es muy práctica; el libro se inicia en 1901, cuando el rico propietario Jules Guérin está preocupado porque la Asamblea está discutiendo un impuesto progresivo sobre la renta, al que es contrario. Este primer capítulo pone las bases del libro: permitirá viajar al pasado, empezando por su tatarabuelo Pierre, que se “enfrentara” en su día a la Revolución Francesa, y explicar en cada época, con un personaje diferente de la familia, la progresión de las posesiones, la fortuna familiar y las prácticas para conservarla, siempre en relación con los cambios legales de cada periodo y su afección a dicha fortuna, además de aprovechar para constituir una historia económica de la propiedad y los impuestos desde el Antiguo Régimen a hoy. El libro vuelve con cierta recurrencia a Jules aun estando en otras épocas para anclar el vínculo familiar, pero también pasa por el momento de 1901 con la propia vida de Jules, para terminar con su bisnieta, Léa, quien en 2020 y plena pandemia, cierra la saga. Los últimos capítulos no reprimen la aparición como personaje mediático del propio Piketty, y las últimas 20 páginas del cómic son una explicación gráfica de sus propuestas económicas.

La combinación de personajes y de circunstancias económicas del tiempo en que viven tiene un valor pedagógico importante, siendo muy útiles para explicar las fuerzas económicas que mueven el mundo con conceptos más o menos cercanos a la economía personal y familiar. Pero tiene sus riesgos. El principal es lo accesorio de los personajes, convertidos en transmisores algo mecánicos del contenido académico e histórico. Esto no evita que algunos momentos emotivos estén bien conseguidos (los momentos del cofre heredado, por ejemplo). Pero en general el personaje se supedita al dato o la información de modo automático con frecuencia. Otro riesgo es el exceso de conocimiento simplificado. Podríamos interpretar el volumen como un “Piketty para dummies”, pero es que, además, contiene varios apartados complejísimos explicados también en apenas unas viñetas, de las castas en la India a la industrialización de los Estados Unidos, pasando por los temas económicos más directos como la crisis de la subprime, o la treintena de años gloriosos tras la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, no menos relevante, está el hecho de que los personajes y la historia familiar tan íntimamente entrelazadas con los factores económicos rinde un mensaje general de una explicación únicamente económico-financiera de la vida y la historia humana, que creo complicado asumir en esta sencillez expositiva.
Mi impresión es por ello agridulce, porque se entrevé un esfuerzo relevante de resumen y amenización de algo tan arduo como la filosofía económica, al que no se le puede negar un resultado estéticamente brillante y narrativamente fluido, con buen uso de running gags (el mejor es la caja de Pandora), separación de capítulos por colores, etcétera, y al que el análisis de Piketty concede una profundidad de pensamiento económico y social relevante.
