Personas brillantes como Roberto Bartual o Miguel Carreira llevan tiempo recomendando la lectura de Jon Bilbao, que a pesar de su nombre resulta ser un señor de Asturias. Y las reseñas de su último libro eran tan positivas que me llevé de viaje su último libro, Padres, hijos y primates, dejando para otra ocasión el penúltimo, Bajo el influjo del cometa.
¡Qué excelente título tiene esta novela! Metafórico, con resonancias bíblicas, su formación familiar alude a las relaciones etnológicas del hombre con el reino animal, y avanza la estructura trina, carretera-hotel-barracón, de la novela. Joanes, el protagonista, está de vacaciones en México con su mujer e hija, aunque necesita estar en contacto continuo con España debido a la negociación de un contrato esencial para el futuro de su empresa de instalaciones de aire acondicionado. Pero esta actividad, que pretende regular la naturaleza, contrasta con el huracán que se desata en la Riviera Maya, que obliga a evacuar la zona. Por circunstancias de la evacuación y de su trabajo, Joanes no es evacuado con su familia sino que se retrasa. En la carretera atropella a un mono que cruza delante del coche, y más tarde recoge a una pareja de ancianos, y el hombre resulta ser un antiguo profesor de Joanes, quien sospecha que en su último acto universitario tuvo influencia en que no consiguiera trabajo en una empresa importante.
No tan monos
(Andy Serkis es César en El origen del planeta de los monos, vía)
Reconozco que este momento Fresas salvajes me gustó mucho. Y me gusta mucho como Bilbao va construyendo la tragedia con la acumulación progresiva de elementos hasta un clímax cercano a lo terrorífico que resuelve la acción y devuelve al hombre a la naturaleza animal de la que pretende haber salido. Y aunque el tema no sea novedoso (la civilización es una farsa que basta con tensar para que se derrumbe), los recursos literarios y dramáticos son excelentes y se resuelven muy bien: los espacios se describen bien, pero además no existe lugar que no tenga sentido en la historia global; el uso de un personaje estático (una mujer impedida) frente a un entorno que exige movimiento y un par de hombres que la mueven de continuo en un ejercicio de civismo hipócrita; el paralelismo entre el crecimiento del resentimiento y el odio entre humanos y el estallido de violencia de un mono herido; o la angustiosa incapacidad de la tecnología (un coche, un portátil, sobre todo un móvil) para ayudarnos en las situaciones límite.
Supongo que ya confirmaré si Bilbao gusta de mostrar los cimientos de barro de la convivencia, o si simplemente es el tema de un interés del autor por la acción con buenos personajes y buena historia. Supongo que no son excluyentes, pero me inclino más por el primer caso, dada la infelicidad patente de sus personajes y la comodidad con que el autor llega al caos y se desenvuelve (uno diría que placenteramente) en su construcción y éxtasis.
Jon Bilbao (vía)


