Como si todo hubiera pasado es la edición en
castellano de un volumen de relatos escritos originalmente en euskera durante
varias décadas por su autor, el historiador Iban Zaldua. Son todos ellos
relatos cuya inspiración nace en la situación política vasca, a la que el
autor, a falta de un mejor nombre, llama La Cosa, según confiesa Edurne Portela en el prólogo del libro.
Son más de cuarenta relatos, y el resultado no es uniforme, pero su continuidad
permite ver el paso del tiempo y la evolución de La Cosa, siendo
probablemente el mayor valor en común de toda la colección: los mecanismos de
la ficción subrayan la psicología de cada momento con una precisión válida para
conocer el impacto en la sociedad.
Es obvio que Zaldua es un autor deseoso de utilizar la
paradoja y la ironía, probablemente como catarsis cercana al humor, ante las
situaciones dramáticas. Una constante en el conjunto de los relatos es el uso
de elementos fantásticos para envolver este humor: desapariciones por
desvanecimiento (incluso menciona a Pertur…), viajes en el tiempo,
o incluso zombis que regresan a la vida perdidos en un mundo nuevo o para
reclamar su alma o su vida truncadas. El resultado es epatante, pues el
terrorismo político y sus consecuencias es un subgénero dramático -especialmente
en lo literario- apegado a un estricto realismo y donde la verdad histórica es
motivo de controversia y apropiación. También es una opción excelente en cuanto
explicación: sólo desde lo irreal, lo absurdo y lo imposible es concebible que
haya existido La Cosa. Y esa es obviamente la función del fantástico:
devolver la imagen de lo real mediante la metáfora que lo suspende.
Además del fantástico, el autor no olvida cierto
costumbrismo cotidiano que, enganchado al estilo irónico, permite también la
comicidad de lo rutinario en situaciones anómalas. El mejor ejemplo es el relato
sobre el comando que, por avatares varios, no se entera en cinco años del fin
de ETA en 2011, en una opción narrativa que se acerca al modelo de los guiones de
Borja Cobeaga. Otras cuestiones cotidianas se engarzan en la acción con
naturalidad, aunque su apariencia casual me hace reflexionar con más precaución:
desde el policía que tiene un novio funcionario de prisiones a la empresaria
que contrata a la chica que trabaja en una oficina de seguros constantemente
atacada, pasando por la militante de ETA que, víctima de un flechazo con una
recién llegada a la Herriko, le cuenta su nueva misión… La proliferación de
relaciones del mismo sexo en La Cosa y sus alrededores forma parte obvia
de las experiencias que Zaldua quiere destacar. No hay militancia LGBTI ni
lectura política en ello, pero no me atrevo del todo a afirmar si se trata de
naturalismo, de ironía ante los estereotipos (de los que La Cosa es
reina), de metáfora de armarios vitales, o incluso por espejo de situaciones de
derechos humanos que, reflexionados tan seriamente como la cotidianeidad
permite, todo el mundo debería poder asumir.
Como si todo hubiera pasado revela entre líneas para
el lector local más lecturas matizadas, pero creo que el formato manda mucho: el
relato es cuestión de estilo y conflicto más que de estructura y profundidad, y
al autor le interesa más la paradoja de las situaciones absurdas, no necesariamente
reflejo de un todo cerrado, como forma de análisis. O de expresión, mejor. El tono
general es ampliamente constructivo y capaz de reflejar las contradicciones de
vivir en una sociedad atacada que necesita sobrevivir. Su enfrentamiento a la Memoria
es distinto, inevitablemente, al de las oficialidades, y por ello peculiarmente
aporta otra clarividencia.
Supongo que seguiré leyendo al autor, no puedo obviar un
libro titulado Ese idioma raro y poderoso: once decisiones cruciales que un escritor
vasco está obligado a tomar.




