Un amor es una novela corta de la escritora Sara
Mesa, que fue muy reconocida por las listas
críticas, que la colocaron entre las mejores de la literatura española
publicada en 2020
. En ella, la autora afronta un tema de cierta moda en la
literatura actual: el regreso (o el asentamiento) en un pueblo, o en una zona
rural, como respuesta a una vida actual asfixiante o al menos estresante en las
ciudades. Este género temático, por así llamarlo, incluye novela y también el ensayo
de experiencia
, y el ensayo
analítico
de las circunstancias que rodean el fenómeno, o que explican el
contraste entre esta moda y los problemas del vacío rural. También adopta
algunos rasgos de guerra cultural, claro.

Pero a Mesa esta teorización en principio no parece
preocuparle. Su protagonista, Nat, es una traductora que ha tenido un problema
laboral y ha decidido llevar una vida retirada, en algunos matices avergonzada,
en un poblado, apenas una pedanía de un pueblo ya pequeño de por sí. Allí
alquila una casita en malas condiciones a un casero machista al que prefiere
evitar, y donde se relaciona con un vecindario que le resulta extraño y en el
que no encaja. Con uno de ellos tiene la relación del título.


Una pedanía abandonada en Almería (a)

Mesa es descriptiva con los detalles de toda la situación, y
transmite con fuerza el desasosiego continuo en que la extraña (la extranjera)
Nat vive su experiencia; desde su casa destartalada que gotea en cuanto llueve
al perro huraño que el dueño de la casa le cede, pasando por el machismo
estructural, con graduaciones, de los diferentes hombres con que se relaciona,
la vida en el pueblo para Nat resulta de un realismo sucio con algún tinte
incluso miserabilista, y un tono que, casi sin ironía ni tintes postmodernos, a
veces parece existencial (hasta con algún subrayado, como el nombre de la
colina del pueblo). Tal vez esto sea el secreto de su éxito: se acerca a una
historia de tintes negros pero no llega a ser una investigación; se acerca a
cierto angst social post-crisis, pero no cae en la parábola descarada;
retrata una forma de vida heredada de tradiciones y maneras de la España negra,
pero tampoco llega a caer en el atavismo. Por supuesto que el libro devuelve un
espejo crítico, una mirada sobre la pobreza moral y económica extendida por el
país, pero no es una narración de desheredados: frente a la habitualmente cruda
novela de ambientación rural de la época franquista, la desazón es la de un
mundo más rico y liberado, pero incapaz de alegría, o con los sueños quebrados.
En esta línea, impresiona mucho la tremenda soledad individual de varios
personajes, pero en el caso de Nat esto incluye de manera escalofriante a la
propia relación con Andreas.

A pesar de estos logros literarios, no he conseguido
empatizar con el libro. Sí con Nat, aunque creo que sus culpas previas al viaje
no son buena elección literaria al introducir un aire de condena a su vida. Su
confusión y desánimo son profundos y humanos, pero tal vez me desaliente que es
un personaje al que el calor y la ternura le son negados sistemáticamente. Probablemente,
es también cuestión de momento vital, al menos de este lector. Me pregunto
cuánto de este texto, publicado en primera edición en septiembre de 2020, se
escribió bajo pandemia, si es el caso. ¿Puede ser que seamos incapaces de
interpretar el arte de estos tiempos sin este sesgo?