Política para perplejos, de Daniel Innerarity, es un libro
publicado en 2018 cuyo título apela al efecto causado en la ciudadanía por un
estado político y social cambiante e inesperado, inestable y en constante
aumento de esta volubilidad. Su interés central viene inspirado por los
acontecimientos
imposibles de 2016: el resultado del referéndum
del Brexit
, y las elecciones
norteamericanas que ganó Donald Trump
. En el contexto de finales de 2021,
las ideas que expresa Innerarity son válidas y probablemente varias de ellas se
encuentran reforzadas. Pienso por ejemplo en su capítulo sobre los datos, que
resulta en un resumen desde lo filosófico válido y casi vibrante
del libro
de Shoshana Zuboff
antes de que éste, mucho más abierto al estudio de
estrategias económicas, se publicara; o, de manera mucho más evidente, la
cuestión de la gobernanza a la que Innerarity aún no le añade el prefijo
co.
Pero, obviamente, muchos de los ejemplos expuestos habrían sido distintos, y el
impacto de la pandemia en todos los ámbitos que estudia Innerarity en el
volumen habría sido un inevitable y necesario punto de referencia. Su editor se
lo exigiría, pero también su propia pasión como pensador. El libro sería distinto
porque el tiempo se cobra sus víctimas, probablemente no habría un capítulo
dedicado a Theresa May, por ejemplo.


David Cameron convocó el referéndum de salida de la UE en 2016 (foto de Pascal Rossignol/Reuters, en El Español)

Pero también es cierto que los ensayos políticos que aspiran
a analizar su contemporaneidad no pueden sino estar condicionados por los
acontecimientos del momento en que se escriben, más allá de exigencias
editoriales o comerciales. Lo interesante es que sus reflexiones precisamente
sigan siendo útiles con el tiempo, o, al menos, para explicar el tiempo en que
fueron escritas. Han pasado tres años desde la publicación, pero han sido
intensos como pocos.

Innerarity dedica la mitad del libro a diagnosticar el
porqué de nuestra perplejidad. Analiza por qué se han derrumbado las certezas
políticas, las categorías sociales, e incluso las sentimentales. Lo hace en
breves capítulos dedicados a temas diferentes de la actualidad/modernidad en
relación a esta pérdida de referencias y estabilidad: los medios de
comunicación, el trabajo, la globalización, el uso de Internet y la
digitalización, los nuevos terrorismos, etc. Por momentos su tono muestra una
elevada desazón, y, aunque señale elementos esperanzadores, les dedica poco
espacio. Basta con ver varios de los títulos que emplea, con palabras como exasperación,
ansiedad, sufrimiento… Esta negatividad indicaría una cierta
añoranza de la estabilidad no-líquida de un pasado que admite penoso (aunque el
hombre estaba seguro de su destino), y, por otro, que la incertidumbre le
impide pronosticar, como filósofo político, futuro alguno; parecen malos
tiempos para el analista, desde luego.


Donald Trump jura su cargo en enero de 2017 (foto en BBC News) 

Innerarity es moderado y no es dogmático; tiende a subrayar
las diferentes caras de cada asunto concreto, y a juzgarlas ecuánimemente. Su
capítulo sobre Cataluña, probablemente el más medido del libro, es lúcido y
tiene reflejo actual (está escrito antes de que el PP dejara el gobierno
central). Es muy atractiva su reflexión sobre lo imposible de las revoluciones
dado lo dividido del poder actual en las democracias occidentales, aunque le
veo en el límite de la contradicción con su defensa del conflicto político como
parte necesaria de la evolución del sistema. También su visión de la
conspiración como fenómeno irreal frente a la chapuza de los sistemas complejos
es divertida (aunque es una idea, creo, de fácil manipulación), y me gusta
también su desmitificación del patrón ‘hechos frente a ilusiones’ como
patrimonio histórico de las derechas frente a las izquierdas, respectivamente.
Innerarity también se moja en el tema ya crucial de las políticas de identidad,
diversidad o multiculturalismo frente a la tradicional lucha de clases, y el
supuesto desacople que ha supuesto con una izquierda obrerista que podría
derivar -o haber derivado ya- al populismo derechista. Aunque como suele ser
habitual, es más incisivo en los matices del diagnóstico que en la propuesta de
resolución.

Política para perplejos toma forma en capítulos
breves, de dos a cuatro páginas, que por momentos parecen extraíbles y publicables
como artículos individuales. Frente a lo habitual en libros analíticos de este
tipo, no incluye datos o resultados de otras fuentes ni tampoco una
bibliografía básica, aunque sí menciona a varios autores con continuidad.
Entiendo que es una decisión tomada buscando agilidad y ligereza del volumen,
pero también da una sensación de coyuntura que no es merecida. O bien puede
hacer pensar que se trata de una inteligencia de memoria y capacidad
excepcionales enfrentada a un texto obligado, tal vez crematístico. Un poco lo
que a mi entender sucede con El poder, pero creo
que Innerarity trabaja mejor el contexto histórico específico y la estructura
del libro. En los contenidos en sí, de todos modos, echo en falta más análisis
económico en el diagnóstico, dada su relevancia e influencia actuales
innegables.

El tercio final del libro, una vez diagnosticados los males
del mundo, cambia de tono y aboga de manera positiva y necesaria por la cultura
del pacto, la negociación, y la gobernanza, por las acciones individuales que
generan, inesperadamente, cambios que se van fraguando en años. Su sentencia
final, la obligación del optimismo ante el carácter en general dogmático -e
incapaz de dudar- del pesimismo es un estupendo cierre a un libro que recoge
todas las preguntas y admite con modestia intelectual la ausencia de
respuestas. En esto reconozco cierta frustración, como lector y ciudadano, no
tanto ante la situación diagnosticada, sino por quedar varado en la perplejidad
que ya tenía. Mejor formado al respecto, sí, pero en la desorientación de un
momento en que ni los filósofos del momento -de brillante análisis- proporcionan
salidas en que ellos mismos puedan creer.


Daniel Innerarity (foto en su perfil de Twitter