The Children Act (La ley del menor) es una
novela breve de Ian McEwan, protagonizada por una jueza de menores que se
enfrenta a la vez a la infidelidad de su esposo y a un urgentísimo caso sobre
la transfusión de sangre a un menor testigo de Jehová enfermo de leucemia.
Estas doscientas páginas escritas en un inglés fluidísimo se leen con interés y
rapidez, y dejan, en mi opinión, un único valor literario realmente apreciable:
el gusto por el relato que McEwan aporta en cada caso judicial explicado, con
sus detalles complejos, que presenta con agilidad y atractivo enormes,
haciéndolos sencillos y entendibles. Y no son pocos: se intercalan en varios
momentos de la novela, muchas veces en forma de sentencia (el texto que a fin
de cuentas debe escribir la protagonista, Fiona), y en ese juego en que McEwan
se siente muy cercano, si bien veo que más por convertir a su jueza en
narradora que por aspiración del autor a ser juez…

The Children Act fue prontamente adaptada al cine por Richard Eyre, con Emma Thompson en el papel de la jueza. Curiosamente, Thompson es también guionista

Pero, sorprendentemente, el resto de la novela es muy poco
interesante; la crisis matrimonial no aporta realmente nada salvo pequeñas
reflexiones de Fiona que resultan de baja intensidad, y el ambiente social
elitista de Fiona, con su gusto por las actuaciones como intérprete privada de
música clásica parecerían en gran parte un relleno, apenas salvado -en mi
opinión de manera forzada- por la conexión artística con el menor enfermo de
leucemia. El final me parece muy deudor del de
Los muertos, el relato
final de
Dublineses, de James Joyce, si bien de nuevo algo rebuscado.

Supongo que el libro es demasiado académico en esta parte
más dramática relacionada con el dibujo de la protagonista, pero en un sentido
un tanto rancio. El ojo de McEwan hacia la sociedad y la familia que describe
es muy esperable, muy tópico; tampoco creo que sepa captar bien la sensibilidad
de a mujer de 59 años a la que toma por protagonista, y, si bien no cae en la
estupidez hipersexual de colegas como Roth o Updike, la novela, que apenas
tiene seis años, podría tener treinta más, con los obvios estereotipos de otra
época.

En fin, igual hay que esperar a ver logros similares a On
Chesil Beach
, el mejor de sus libros que he leído (Solar
es muy flojo
). De mientras, al menos sus libros permiten una lectura
sencilla con que ejercitar el idioma y, al menos en esta ocasión, nos dejan
esos momentos judiciales apasionados que antes comenntaba.

Ian McEwan (vía)