Dublinés es obra
de Alfonso Zapico, y es un cómic biográfico sobre los hechos de la vida de
James Joyce, más atenta a sus peripecias personales, familiares y sociales que
a su obra, aunque los motivos de ésta queden más o menos explicados.
de Alfonso Zapico, y es un cómic biográfico sobre los hechos de la vida de
James Joyce, más atenta a sus peripecias personales, familiares y sociales que
a su obra, aunque los motivos de ésta queden más o menos explicados.
James Joyce (vía)
Hablemos pues del protagonista: Joyce es la figura
reconocida como el mayor genio de la literatura irlandesa. Nació en 1882 y
además de en Dublín vivió en ciudades europeas como París, Trieste o Zúrich,
hasta su muerte en 1940. Tuvo una educación católica de la que renegó y adoraba
algunas de las costumbres admitidas de su país (si podemos llamar así al
alcohol), al que adoraba y odiaba a la vez, y del que acabó exiliándose. Su
obra más famosa es Ulises, que
describe un día en la vida de Leopold Bloom y Stephen Dedalus, que son a la vez
dos visiones del autor y el reflejo de los personajes de la Odisea de Homero; es un libro innovador
en género, estilo, estructura y técnica pero de lectura difícil, y que dio a
Joyce un puesto ya legendario en la literatura universal. Joyce fue un viajero
toda su vida, arrastrando tras sí a su mujer e hijos, y siempre viviendo pobremente,
del dinero de la familia y los amigos, y gastando las pocas rentas que a veces
acumulaba en juergas varias. Era excéntrico y arrogante, juerguista y bebedor,
enfermizo, ni buen marido ni buen padre, y apenas se ganó el respeto de unos
escritores y editores que le apoyaron.
reconocida como el mayor genio de la literatura irlandesa. Nació en 1882 y
además de en Dublín vivió en ciudades europeas como París, Trieste o Zúrich,
hasta su muerte en 1940. Tuvo una educación católica de la que renegó y adoraba
algunas de las costumbres admitidas de su país (si podemos llamar así al
alcohol), al que adoraba y odiaba a la vez, y del que acabó exiliándose. Su
obra más famosa es Ulises, que
describe un día en la vida de Leopold Bloom y Stephen Dedalus, que son a la vez
dos visiones del autor y el reflejo de los personajes de la Odisea de Homero; es un libro innovador
en género, estilo, estructura y técnica pero de lectura difícil, y que dio a
Joyce un puesto ya legendario en la literatura universal. Joyce fue un viajero
toda su vida, arrastrando tras sí a su mujer e hijos, y siempre viviendo pobremente,
del dinero de la familia y los amigos, y gastando las pocas rentas que a veces
acumulaba en juergas varias. Era excéntrico y arrogante, juerguista y bebedor,
enfermizo, ni buen marido ni buen padre, y apenas se ganó el respeto de unos
escritores y editores que le apoyaron.
El puente O’Connell tal y como Joyce debió conocerlo (vía)
Dublinés es un
libro bien ambientado, con preocupación por el detalle, un dibujo encantador
(con gran maestría al recoger el rostro humano sin caer en la caricatura) y en general bien narrado, con una
estructura viajera acorde con el
autor y su obra principal. Es un libro ambicioso, que narra y ambienta muchas
décadas de historia alrededor de una figura mítica muy apegada a la mitología
literaria de un país al que el autor no pertenece. Permite también aprender
mucho sobre Joyce y sus motivaciones, aunque tengo dos problemas con él. Creo
que el autor se deja fascinar demasiado por el escritor que como hombre fue un
desastre que causó bastante dolor. ¿Debe el genio suponer simpatía per se? Yo creo que admiración
intelectual y artística y simpatía personal no son necesariamente lo mismo.
Cierto es que varias de las peripecias de la vida de Joyce despiertan esa
simpatía, subrayadas además por un supuesto hedonismo de cuya existencia no
dudo, pero que seguramente no pudo ser tan grande. Me explico: mi segundo gran
inconveniente con Dublinés es que
creo que no consigue despertar el interés por la inmensa obra de Joyce, que
parece interesarle al autor menos que su vida, cuando en realidad es la obra de
Joyce lo que de verdad hace destacable a Joyce. Cierto es que el libro contiene
azares literarios: libros rechazados, autores famosos con los que Joyce
alternó, la infernal espera para poder publicar legalmente. Pero la obra en sí
está ausente, y yo la creo necesariamente merecedora de un hueco, sobre todo si
la comparo con las muchas viñetas dedicadas a los bares.
libro bien ambientado, con preocupación por el detalle, un dibujo encantador
(con gran maestría al recoger el rostro humano sin caer en la caricatura) y en general bien narrado, con una
estructura viajera acorde con el
autor y su obra principal. Es un libro ambicioso, que narra y ambienta muchas
décadas de historia alrededor de una figura mítica muy apegada a la mitología
literaria de un país al que el autor no pertenece. Permite también aprender
mucho sobre Joyce y sus motivaciones, aunque tengo dos problemas con él. Creo
que el autor se deja fascinar demasiado por el escritor que como hombre fue un
desastre que causó bastante dolor. ¿Debe el genio suponer simpatía per se? Yo creo que admiración
intelectual y artística y simpatía personal no son necesariamente lo mismo.
Cierto es que varias de las peripecias de la vida de Joyce despiertan esa
simpatía, subrayadas además por un supuesto hedonismo de cuya existencia no
dudo, pero que seguramente no pudo ser tan grande. Me explico: mi segundo gran
inconveniente con Dublinés es que
creo que no consigue despertar el interés por la inmensa obra de Joyce, que
parece interesarle al autor menos que su vida, cuando en realidad es la obra de
Joyce lo que de verdad hace destacable a Joyce. Cierto es que el libro contiene
azares literarios: libros rechazados, autores famosos con los que Joyce
alternó, la infernal espera para poder publicar legalmente. Pero la obra en sí
está ausente, y yo la creo necesariamente merecedora de un hueco, sobre todo si
la comparo con las muchas viñetas dedicadas a los bares.
Puede que el problema surja del acercamiento al escritor biografiado por parte de quien conoce su obra. No lo sé, porque debo reconocer que he disfrutado la parte biográfica en su justa medida, y me ha proporcionado claves para entender mejor los libros (o el recuerdo que tengo de ellos) de Joyce, precisamente porque en un escritor vida y obra rara vez son disociables. Tal vez un lector que no conozca a Joyce ( y a quien recomendaría empezar por Dublineses y Retrato de un artista adolescente) no tenga este impedimento al no poder otorgar peso a la obra dentro de la vida, y pueda disfrutar aún más este cómic ágil y bien construido.
Alfonso Zapico (vía)



