Recomendado por todas partes, finalmente he empezado a leer
a Yuval Noah Harari por el principio de su éxito:
Sapiens. De animales a
dioses. Breve Historia de la Humanidad
. Es un ensayo terminado en 2013 y
que ha vendido, dicen, quince millones de ejemplares en el mundo, lo que le ha
dado fama universal y le ha permitido entrar en el mundo de los grandes
conferenciantes y pensadores del futuro. Ha escrito al menos otro ensayo más de
gran éxito:
Homo Deus. Breve historia del mañana. Una situación
excepcional como ésta, de un autor además procedente de una tradición diferente
(escribe originalmente en hebreo y vive y trabaja en Israel), tiene sin duda
más de una capa de análisis interesante.

Sapiens se presenta como un libro de Historia de Homo
Sapiens, única especie superviviente del género Homo, que queda estructurada en
tres momentos decisivos, según el autor:

-la llamada Revolución Cognitiva, ocurrida alrededor de hace
70.000 años por factores aún desconocidos pero que el autor relaciona
decisivamente con la capacidad de nuestra especie para crear o imaginar entes
no reales (o no biológicos, si se prefiere) que permitieron una coordinación
social de intereses a pequeña escala. Esto hizo que Homo Sapiens saliera de
África y se expandiera por todo el mundo, que extinguiera a las otras especies
Homo y a toda la megafauna terrestre, aunque conservando una economía de
cazadores-recolectores casi mayoritariamente nómada

-la Revolución Agrícola, iniciada hace 12.000 años parece
que de manera inevitable (ya que sucedió en lugares distintos y separados por
hechos casuales que se afianzaban a sí mismos) y que, además del asentamiento y
la aparición de la vivienda, supuso el inicio de los monocultivos, la ganadería
y la creación de élites: las entidades imaginadas (iniciadas en la anterior
Revolución) son ya más poderosas y permiten una cooperación organizada entre
muchas más personas. Así, se crean los imperios, las religiones y el dinero, tres
poderosísimas herramientas de cooperación entre extraños, que aumentarán la
capacidad de cooperación. Harari cree que la Revolución Agrícola no fue un buen
negocio: Homo Sapiens mejoró en seguridad y también en previsiones de futuro,
pero aparecieron peores condiciones laborales, incluida la esclavitud, la dieta
empeoró, la ganadería trajo consigo el contagio de enfermedades de los
animales, y la especie empezó a dividirse por entes de nuevo imaginarios (o que
no responden realmente a la biología): clases sociales, raza, origen, religión,
género.

 Tablilla de arcilla de Uruk, con un texto administrativo sobre cantidades de cebada y firmado por tal vez el primer nombre registrado en la historia. Harari subraya la peculiaridad de que se tratara de un registro contable y no un poema épico, una orden legal, o una oración. Sapiens está lleno de este tipo de percepciones desmitificadoras.

-la Revolución Científica, que apenas tiene 500 años, a la
que Harari pone como punto claro de inicio el descubrimiento de América por
Colón: la humanidad descubre y admite su ignorancia, lo cual desencadena que
los poderes imperiales fijen sus ojos en la ciencia y sus resultados
tecnológicos para ampliar su poder. Dado que las empresas a organizar son
arriesgadas y caras, el crédito (otro de los entes no reales en que Homo
Sapiens pone su confianza futura) evoluciona con mejores prestaciones, y
empieza a nacer un gran capital financiador. La conjunción de imperio (poder
político), ciencia/tecnología, y capitalismo/financiación ha evolucionado, pero
en sus fundamentos principales sigue hoy en boga.

Bueno. Hasta aquí un resumen del contenido, que obviamente
toca muchos más puntos y que no es tan lineal y magro como lo que he expuesto. Al
contrario, a pesar de esta línea histórica que más o menos sigue Harari, no
tiene reparos en usar de continuo la relación connotativa, por ejemplo, al
explicar la capacidad de Homo Sapiens de crear entes imaginarios desde la
Revolución Cognitiva, hablando de sociedades anónimas o derechos humanos, o comparando
crudamente el Código de
Hammurabi
con la Declaración
de Independencia de los EE.UU.
Sus entes imaginados incluyen las
ideologías, el culto a la nación, el estado, el derecho, el capitalismo, el
humanismo liberal o socialista, etc. Considera en gran parte que, definidas las
religiones, varias de estas propuestas pueden definirse como parte de ellas en
cuanto a su realidad de facto, y a la creencia en las mismas de Homo
Sapiens. El libro incluye para mí ideas brillantes como algunas de las ya
resumidas, a partir de una cantidad de hechos históricos que en gran parte
todos conocemos. Recuerda a un autor que
más tarde he leído que Harari admira: Jared Diamond
. Supera con creces, en
mi memoria, al Bill Bryson de Una breve historia de casi todo, que
recuerdo más divertido, pero de menor calado o coherencia, y ni siquiera tan
adictivo.

Portada del primer volumen de una edición gráfica de Sapiens que se ha comenzado a editar en varios volúmenes

Harari es consciente (es explícito en ello) de la
importancia que para Homo Sapiens tiene la creación de relatos con el objetivo
de creer en sus (nuestras) ficciones organizadoras, y sin duda ahí ha puesto su
mayor esfuerzo en el libro: en la agilidad y sencillez de exposición, en el uso
de los mismos conceptos en las diferentes fases históricas, y en las
referencias que funcionan como anclas al pasado y al futuro en cada momento. El
tono es ágil, las palabras sencillas, los ejemplos muchos (en ocasiones
simplones, debo decirlo, con modismos o humorismos algo bobalicones), y el aire
de desmitificación analítica y generalizada es muy fresco. A la par, en
ocasiones y por esto mismo da la sensación de realizar asunciones muy
generalistas, comparaciones algo gruesas, o de meterse en terrenos algo
inabarcables en su contexto (como sus capítulos dedicados al género o a la
felicidad). Para un libro de este estilo y ambición la bibliografía parece
escasa, aunque también explica que en su web (deja un
link) puede encontrarse
completa. No me cabe duda de que esta aproximación, que parece ejecutada por
una persona de gran cultura que domina una de las varias disciplinas que toca,
es parte de su éxito popular, pero origen también de crítica académica. Cierto
es que
Sapiens ayuda ciertamente a afianzar ideas o pensar en paradigmas
históricos distintos o inesperados. Pero en algunas partes he tenido la
sensación de asomarme a cierta falta de rigor en favor de un relato siempre
explicativo, aunque Harari admita más de una vez que hay muchas cosas de
nosotros mismos que aún no sabemos.

Entre los apuntes extra de interés de la eclosión de Harari
en el pensamiento traccionador occidental está el valor, a pesar de su ateísmo
científico, que asigna al budismo como pensamiento práctico que busca alejar el
dolor y que conecta con el hecho de que, a pesar del éxito biológico aparente
de Homo Sapiens como especie dominante, son sus acciones en relación a la
naturaleza, a los animales y plantas con los que se ha desarrollado, los que le
han proporcionado ese dominio. Harari intenta incorporar la visión de estas
otras especies, cuyo éxito reproductivo al ser adoptadas por Homo Sapiens es
evidente, pero a costa de pagar un precio de dolor y explotación; a Harari le
parece que la hoja de servicios de Homo Sapiens en la tierra es cuando menos
cruel. Otro apunte de Harari es el fin previsible de la diversidad: Homo
Sapiens camina hace milenios hacia una unidad global, destino último de su
capacidad de cooperación como especie. Y termina abriendo camino a su siguiente
libro: si ya desde la Revolución Agrícola hemos ejercido sobre la naturaleza
una acción que no ha podido ser respondida por la selección natural (porque ésta
es más lenta, al menos a nuestro nivel macrobiológico), si la ciencia vuelve a
tener éxito en conseguir recursos que no agoten al planeta, si el cambio
climático no actúa sobre nosotros con efectos laterales esperados o no
(¿pandemias?), puede que las investigaciones actuales ayuden a diseñar un Homo
Sapiens amortal, cuya aparición justifica el segundo título de Sapiens: de
animales a dioses
. Homo Sapiens ya no será Homo Sapiens, sino otra cosa por
definir.

Yuval Noah Harari, según la foto de su web