Recuerdo que en su día supuso cierta conmoción el Premio
Nobel concedido a Gabriel García Márquez en 1982: fue un premio saludado y
celebrado, posiblemente por las características del premiado, algo joven para
este premio, y el espaldarazo oficial al boom de la literatura latinoamericana
de la segunda mitad del siglo pasado. García Márquez acudió vestido de blanco a
la gala en Estocolmo, y aunque ese color tuviese una esperable lógica caribeña,
en cierto modo le convirtió en una figura seráfica entre la literatura hispana
y la progresía mundial. Ascendió a los cielos y posiblemente llegó a un mito
excesivo, que también le supuso varios ataques hijos también de una fama
desmedida.
Nobel concedido a Gabriel García Márquez en 1982: fue un premio saludado y
celebrado, posiblemente por las características del premiado, algo joven para
este premio, y el espaldarazo oficial al boom de la literatura latinoamericana
de la segunda mitad del siglo pasado. García Márquez acudió vestido de blanco a
la gala en Estocolmo, y aunque ese color tuviese una esperable lógica caribeña,
en cierto modo le convirtió en una figura seráfica entre la literatura hispana
y la progresía mundial. Ascendió a los cielos y posiblemente llegó a un mito
excesivo, que también le supuso varios ataques hijos también de una fama
desmedida.
El premiado del traje blanco
En aquel momento, casi un único libro era el responsable de
todo, y hoy, tras la muerte del autor, parece que será imposible separar a
García Márquez de Cien años de soledad
como lo es separar Ulises, En busca del tiempo perdido, o El Quijote de sus respectivos autores.
Cien años de soledad no tiene aún 50 años, pero la enorme repercusión que
supuso y su influencia en la narrativa posterior son más que notables. Tal vez
no sea fundar la novela, o fundar la novela moderna, pero tal vez no haya
pasado el tiempo suficiente.
todo, y hoy, tras la muerte del autor, parece que será imposible separar a
García Márquez de Cien años de soledad
como lo es separar Ulises, En busca del tiempo perdido, o El Quijote de sus respectivos autores.
Cien años de soledad no tiene aún 50 años, pero la enorme repercusión que
supuso y su influencia en la narrativa posterior son más que notables. Tal vez
no sea fundar la novela, o fundar la novela moderna, pero tal vez no haya
pasado el tiempo suficiente.
La calle Macondo de Donostia-San Sebastián (vía)
Cien años de soledad
cuenta la historia de la estirpe de los Buendía desde su llegada a Macondo
hasta su extinción. Con una estructura que ahora (23 años después de leerla por
primera vez) me parece bíblica, pero con el paganismo de lo prehistórico
mezclado con el de la literatura moderna, el libro canónico del realismo mágico
recupera la poética de la fábula inagotable. No son resumibles, ni adaptables,
todos los hechos posibles e imposibles que suceden en la novela, que está
habitada por una pasión indómita por la acumulación de historias y personajes, ya
que a fin de cuentas narra la historia del mundo bajo el pesimismo determinista
de Gabriel García Márquez, según el cual los hombres están condenados a repetir
los mismos actos cíclicamente y a seguir los mandamientos de un destino
sofocante.
cuenta la historia de la estirpe de los Buendía desde su llegada a Macondo
hasta su extinción. Con una estructura que ahora (23 años después de leerla por
primera vez) me parece bíblica, pero con el paganismo de lo prehistórico
mezclado con el de la literatura moderna, el libro canónico del realismo mágico
recupera la poética de la fábula inagotable. No son resumibles, ni adaptables,
todos los hechos posibles e imposibles que suceden en la novela, que está
habitada por una pasión indómita por la acumulación de historias y personajes, ya
que a fin de cuentas narra la historia del mundo bajo el pesimismo determinista
de Gabriel García Márquez, según el cual los hombres están condenados a repetir
los mismos actos cíclicamente y a seguir los mandamientos de un destino
sofocante.
Escrita con una precisión imposible en un relato tan
enmarañado, Cien años de soledad tiene una increíble poder hipnótico. Sus frases
y descripciones se acercan al barroco sin caer en él, pero es imposible salir
de su pesadilla fascinante. Da igual que Macondo sea asolado por una peste de
insomnio o un diluvio de cuatro años, que el liberal coronel Aureliano Buendía
emprenda 32 guerras civiles y las pierda todas, o que una vieja tía borde su
mortaja en la esperanza de terminarla el día de su propia muerte: cada capítulo
está dotado de un intenso ritmo interno, generalmente basado en uno o dos
personajes o situaciones, alternando el estímulo de la memoria frágil del
lector con retrocesos y avances constantes (desde la primera frase, donde se recoge
el futuro ‘Muchos años después…’ con el pasado ‘…habría de recordar aquella
tarde remota…’) y la musicalidad del lenguaje y las imágenes surreales, cerrándose cada uno en su propio círculo de soledad. El genio no sólo poético
sino también social, político e incluso psicológico de Gabriel García Márquez
está también en añadir capas metafóricas a sus propios recuerdos alterados de
infancia, llena al parecer de personas de nombres repetidos y costumbres
peculiares, para rendir un cosmos propio de valor universal, que en el encierro
de la jungla cruza lo lisérgico con lo social, lo mítico con lo religioso, y lo
político con lo sexual y lo humorístico, por más que la soledad y sus hijas la
tristeza y la melancolía, sea el sentimiento superior a todos.
enmarañado, Cien años de soledad tiene una increíble poder hipnótico. Sus frases
y descripciones se acercan al barroco sin caer en él, pero es imposible salir
de su pesadilla fascinante. Da igual que Macondo sea asolado por una peste de
insomnio o un diluvio de cuatro años, que el liberal coronel Aureliano Buendía
emprenda 32 guerras civiles y las pierda todas, o que una vieja tía borde su
mortaja en la esperanza de terminarla el día de su propia muerte: cada capítulo
está dotado de un intenso ritmo interno, generalmente basado en uno o dos
personajes o situaciones, alternando el estímulo de la memoria frágil del
lector con retrocesos y avances constantes (desde la primera frase, donde se recoge
el futuro ‘Muchos años después…’ con el pasado ‘…habría de recordar aquella
tarde remota…’) y la musicalidad del lenguaje y las imágenes surreales, cerrándose cada uno en su propio círculo de soledad. El genio no sólo poético
sino también social, político e incluso psicológico de Gabriel García Márquez
está también en añadir capas metafóricas a sus propios recuerdos alterados de
infancia, llena al parecer de personas de nombres repetidos y costumbres
peculiares, para rendir un cosmos propio de valor universal, que en el encierro
de la jungla cruza lo lisérgico con lo social, lo mítico con lo religioso, y lo
político con lo sexual y lo humorístico, por más que la soledad y sus hijas la
tristeza y la melancolía, sea el sentimiento superior a todos.
Gabriel García Márquez bajo el peso de la soledad.



