Hasta la cocina
La carrera de Javier Cercas como escritor tiene un punto de inflexión obvio: el éxito literario inmenso de Soldados de Salamina, su libro editado en 2001. Parecía una novela en la que su principal protagonista, el personaje real ‘Javier Cercas’ contaba cuánto le costó y cómo pudo narrar el episodio real de la fuga y superviviencia de Rafael Sánchez Mazas (bilbaino, escritor, número tres de la Falange, padre de Rafael Sánchez Ferlosio), a quien un soldado republicano que lo buscaba por el bosque, tras escaparse de un fusilamiento colectivo, encuentra y salva la vida. La mezcla de experiencia personal, ficción de ensayo y de un tema de actualidad continuada en la España actual como la memoria histórica fue novedosa en aquel entonces, ha sido muy imitada hasta hoy, pero posiblemente nunca resultó tan brillante y emotiva, y el exitazo literario fue apabullante. Hubo premios, película…

Tal vez el gran acierto del Cercas que juega a historiador sea la objetividad en un hecho deudor del enfrentamiento histórico de las dos Españas. Creo que este acierto viene de su profesión: escribir novelas, y tal vez esté, sorprendentemente, vedado a los historiadores. ¿Por qué? Por su necesidad de comprender –más que describir- razones y psicologías de todos los protagonistas de un relato que escriba, y por dar más importancia a esta necesidad objetiva de la novela que a su (presumible) ideología. Así, Cercas humaniza la posición de todos los protagonistas, sus intereses grandes y pequeños, para recuperar un espíritu hoy manipulado: que el 23F no triunfara no se debió a los desvelos de partidos, sindicatos, organizaciones, o prensa, que nadie de los que vivimos aquel día somos capaces de recordar aunque parezca que nuestra clase política actual sí, sino más bien a un conjunto de casualidades que dieron al traste con una acción cutre y caótica. Ver escribir sobre política e historia recientes españolas y mostrar dudas, mostrar no lo que los personajes piensan, sino lo que parece que pudieron creer y pensar, y buscar sus motivaciones, no es pan habitual. Las reflexiones añadidas sobre la ética en la política (y al revés), que remiten a Max Weber y a su excelente El político y el científico, que recomiendo mucho incluso (o sobre todo) si no se es político ni científico, son de calado para una sociedad acostumbrada a gritar la necesidad de la pureza política sin tener en cuenta sus consecuencias ni, encima, aplicarla como tal.
Que la disfruten…


