Hay dos momentos importantes en Antigua luz, la última novela del último Premio Príncipe de
Asturias de las Letras, en las que el autor, John Banville, habla de sí mismo y
de su escritura a través de un pequeño artificio literario. En el primero, el
narrador (un actor sesentón de teatro que va a interpretar una película por
primera vez) lee un libro titulado La
invención del pasado, cuya prosa le parece afectada, retórica, antinatural,
sintética y densa, ecléctica y de falsa erudición, aunque le reconoce un
ingenio esporádico y mordaz. El párrafo es chocante, pues el estilo de Banville
en su libro encaja con precisión en estas características, y, además, el ataque
resulta algo gratuito en un personaje en general taciturno y por realizarse
contra un escritor –el de ese libro citado- sin apenas peso como personaje en
la trama. El segundo momento sucede casi al final: el protagonista visita a la
hija de su antigua amante, que
Asturias de las Letras, en las que el autor, John Banville, habla de sí mismo y
de su escritura a través de un pequeño artificio literario. En el primero, el
narrador (un actor sesentón de teatro que va a interpretar una película por
primera vez) lee un libro titulado La
invención del pasado, cuya prosa le parece afectada, retórica, antinatural,
sintética y densa, ecléctica y de falsa erudición, aunque le reconoce un
ingenio esporádico y mordaz. El párrafo es chocante, pues el estilo de Banville
en su libro encaja con precisión en estas características, y, además, el ataque
resulta algo gratuito en un personaje en general taciturno y por realizarse
contra un escritor –el de ese libro citado- sin apenas peso como personaje en
la trama. El segundo momento sucede casi al final: el protagonista visita a la
hija de su antigua amante, que
Me despidió en una esquina del claustro, a través de una
poterna… Ah, cómo me gustan las palabras antiguas, cómo me consuelan…
En efecto, poterna no es la única palabra que hace tirar de
diccionario en esta novela ahíta de espléndidos vocablos como sufusión, cauro,
motacila, giróvago, fetor, fermata, etc… palabras castellanas surgidas de la
pluma del traductor (Damián Alou) que habrá bregado tanto con estos cultismos
en dos idiomas como con ese estilo banvilliano.
diccionario en esta novela ahíta de espléndidos vocablos como sufusión, cauro,
motacila, giróvago, fetor, fermata, etc… palabras castellanas surgidas de la
pluma del traductor (Damián Alou) que habrá bregado tanto con estos cultismos
en dos idiomas como con ese estilo banvilliano.
Lo antiguo tiene varios niveles en este libro. Está en el
título, Antigua luz, o, en el inglés
original, Ancient Light, que se
traduce por ‘servidumbre de luces’, concepto jurídico que tiene que ver con el
espacio obligado entre casas y lo que puede verse a través de las ventanas que
se abren en las paredes. Ese espacio metafórico se refleja en la luz que la
memoria trae al protagonista, que recuerda el verano para él luminoso que pasó
a los 15 años, enamorado de y teniendo una aventura con la madre de su mejor
amigo, de 35; bajo una memoria caprichosa y una sensualidad de precisión
analítica, el narrador recrea escenas, momentos y sensaciones de cuya veracidad
duda, y sobre las que la luz de la memoria no consigue brillar por completo. El
propio personaje utiliza ese lenguaje de palabras antiguas, y nunca salió del
arte antiguo del teatro como profesional; hasta ahora, que le da una
oportunidad al cine.
título, Antigua luz, o, en el inglés
original, Ancient Light, que se
traduce por ‘servidumbre de luces’, concepto jurídico que tiene que ver con el
espacio obligado entre casas y lo que puede verse a través de las ventanas que
se abren en las paredes. Ese espacio metafórico se refleja en la luz que la
memoria trae al protagonista, que recuerda el verano para él luminoso que pasó
a los 15 años, enamorado de y teniendo una aventura con la madre de su mejor
amigo, de 35; bajo una memoria caprichosa y una sensualidad de precisión
analítica, el narrador recrea escenas, momentos y sensaciones de cuya veracidad
duda, y sobre las que la luz de la memoria no consigue brillar por completo. El
propio personaje utiliza ese lenguaje de palabras antiguas, y nunca salió del
arte antiguo del teatro como profesional; hasta ahora, que le da una
oportunidad al cine.
A este recuerdo principal se suman las dos tramas actuales:
la película que va a interpretar en compañía de una joven estrella cinematográfica,
y el recuerdo del suicidio de su hija Cass, hace 10 años. La red de relaciones
paterno-filiales y amorosas en los tiempos de la novela es un edificio subyugante,
aunque a veces parezca algo artificial, o que pueda buscar un final más
adscrito al género puro, creando expectativas algo confusas en la lectura.
la película que va a interpretar en compañía de una joven estrella cinematográfica,
y el recuerdo del suicidio de su hija Cass, hace 10 años. La red de relaciones
paterno-filiales y amorosas en los tiempos de la novela es un edificio subyugante,
aunque a veces parezca algo artificial, o que pueda buscar un final más
adscrito al género puro, creando expectativas algo confusas en la lectura.
John Banville como escritor parece todo un personaje: usa un
heterónimo, Benjamin Black, para sus novelas negras. Una novela de Banville
cuesta años de trabajo, pero una de Black apenas unos meses. Confiesa que su
personalidad como autor cambia radicalmente. Dice odiar sus novelas, su estilo
imperfecto, y no leer críticas porque ya conoce antes de que nadie se lo diga
dónde están sus errores. Le gusta escribir series de novelas, y de hecho Antigua luz es la tercera protagonizada
por ese actor desmemoriado. Es aspirante al Nobel y cuando le analizan surgen
los nombres de Joyce, James, Nabokov o incluso Proust.
heterónimo, Benjamin Black, para sus novelas negras. Una novela de Banville
cuesta años de trabajo, pero una de Black apenas unos meses. Confiesa que su
personalidad como autor cambia radicalmente. Dice odiar sus novelas, su estilo
imperfecto, y no leer críticas porque ya conoce antes de que nadie se lo diga
dónde están sus errores. Le gusta escribir series de novelas, y de hecho Antigua luz es la tercera protagonizada
por ese actor desmemoriado. Es aspirante al Nobel y cuando le analizan surgen
los nombres de Joyce, James, Nabokov o incluso Proust.
Calor británico (vía)
En vez de recordarme a esos autores, el universo de
relaciones prohibidas en pueblos británicos durante el verano me recordó a
otros autores de personalidad fuerte como William Trevor o Ian McEwan, aunque
las diferencias con las tramas en Verano y amor, o Chesil Beach son
abundantes. El paralelismo es mayor con la trama de Verano
del 42, aunque no he leído la novela. En Antigua luz sin duda se impone el peso de la prosa elaborada de
Banville, cuyos defectos que él mismo subraya se manifiestan también y a menudo
como disfrutables virtudes por la potencia metafórica, la ironía profunda que
alcanza, y la lucidez psicológica. Esta precisión poética, de lenguaje culto y
mirada al pasado, es buscadamente elaborada y define perfectamente a su
protagonista, cuya falta propia de ternura por los personajes que fueron él y
su amante salta a la luz de los múltiples espejos en que se mira. Aun así, esa
historia, que tiene un final espléndido en la continua reflexión (proustiana,sí) sobre el papel de la Memoria, supera en fuerza y definición a las
ambientadas en la actualidad, algo alargadas y con personajes y situaciones más
obvios, aunque en cierto modo lo exige la construcción global de un libro con
momentos de intensidad casi aterradora.
relaciones prohibidas en pueblos británicos durante el verano me recordó a
otros autores de personalidad fuerte como William Trevor o Ian McEwan, aunque
las diferencias con las tramas en Verano y amor, o Chesil Beach son
abundantes. El paralelismo es mayor con la trama de Verano
del 42, aunque no he leído la novela. En Antigua luz sin duda se impone el peso de la prosa elaborada de
Banville, cuyos defectos que él mismo subraya se manifiestan también y a menudo
como disfrutables virtudes por la potencia metafórica, la ironía profunda que
alcanza, y la lucidez psicológica. Esta precisión poética, de lenguaje culto y
mirada al pasado, es buscadamente elaborada y define perfectamente a su
protagonista, cuya falta propia de ternura por los personajes que fueron él y
su amante salta a la luz de los múltiples espejos en que se mira. Aun así, esa
historia, que tiene un final espléndido en la continua reflexión (proustiana,sí) sobre el papel de la Memoria, supera en fuerza y definición a las
ambientadas en la actualidad, algo alargadas y con personajes y situaciones más
obvios, aunque en cierto modo lo exige la construcción global de un libro con
momentos de intensidad casi aterradora.
John Banville (vía)



