
Julián Zugazagoitia (Zuga) ha recibido una escasa atención como figura represaliada del franquismo para lo enorme que se vislumbra su labor e influencia. Fue ministro de Gobernación (es decir, de Interior) con Negrín en la Guerra Civil. Fue diputado en Cortes y concejal en el Ayuntamiento de Bilbao; autor de varias novelas y biografías (incluyendo las de Tomás Meabe y Pablo Iglesias), dirigió “El Socialista”, además de otros medios, durante varios años, y se consideraba fundamentalmente periodista. Exiliado en Francia, no huyó a tiempo antes de la invasión nazi, y la Gestapo lo entregó en julio de 1940 al gobierno de Franco, que lo fusiló en noviembre de ese mismo año. Tenía cuarenta y un años y cinco hijos. Está enterrado en el cementerio de la Almudena, en Madrid.
Este párrafo inicial condensa los avatares públicos de una vida intensa cuya narración completa recoge el historiador Luis Sala González en Julián Zugazagoitia (1899-1940) Sin rencor. Vida y muerte de un periodista socialista. El rencor del título hace referencia a la emotiva última carta que Zuga escribió a su mujer la noche anterior a su fusilamiento, en la que le pedía que viviera sin ese sentimiento y que no se usase su piel para construir más tambores de guerra.
Además de la abundante bibliografía existente, y al propio hecho de que, como periodista, escritor y ministro, Zuga dejase una relevante cantidad de opiniones por escrito, la documentación de este volumen se beneficia de las cartas del archivo de los herederos de Zuga, una extensa familia repartida por varios países y que han regresado parcialmente al Bilbao origen de su abuelo y bisabuelo gracias a los homenajes de recuperación de su figura.

Aunque convulso y trágico, qué duda cabe que el momento en que Zuga vivió su vida política, de 1915 a 1940) es apasionante en evolución del pensamiento político y en sus consecuencias. Sala lo recoge necesariamente, aunque sin abandonar nunca la prevalencia en el relato de la figura del Zuga más político, con un detalle abundante sobre su encaje y evolución de ideas en el PSOE de su tiempo, y las relaciones personales que llevó a forjar con varios de sus compañeros, especialmente Indalecio Prieto y sin olvidar su admiración por Tomás Meabe. Su juventud intelectual autodidacta, su también intensa vida literaria, el alcance y valor de sus biografías y ficciones también se recogen, y dan enormes pistas sobre sus posicionamientos sociales y políticos. Claramente favorable al sufragio feminista, de valores humanistas, su presencia en Gobernación ayudó a calmar el clima revolucionario en la retaguardia republicana, y fue especialmente sensible a las peticiones de su colega ministro del PNV, Manuel de Irujo, en favor de católicos encerrados en prisiones de la República. Cuando el desastre de la guerra va consumiendo los ánimos, con un Zuga que además se siente desaprovechado en sus puestos, y ante el acercamiento del exilio y la muerte, el conocido desenlace sombrío subraya la especial lucidez de Zuga ante la muerte, hasta alcanzar la emoción tan histórica como personal de las últimas cartas que contiene el volumen, la mencionada de Zuga a su mujer y la que ochenta y cinco años más tarde le escribe su nieta, Tatiana Zugazagoitia, explicándole qué y cómo y dónde y cuándo su familia pudo sobrevivir.
Julián Zugazagoitia ha sido homenajeado en 2024 en los actos de reconocimiento a represaliados del franquismo celebrados de acuerdo a la Ley de Memoria Democrática, y recibió también un homenaje personal expreso, el primero de su historia en Bilbao (¡en 2025!), con una lectura dramatizada de sus cartas y escritos dirigida por el propio Luis Sala, y representada en la Biblioteca de Bidebarrieta. Tuve la oportunidad de acudir al mismo, y el honor de conocer a los nietos y bisnieta de Zuga aquel emotivo día, y fue una de las mejores experiencias de memoria democrática a través de lo artístico, cultural y político que he vivido.
