Filósofo, dos personificaciones y tres discípulos (año 270)

Para Guillermo Fraile, la filosofía de Plotino no es un mero sincretismo, sino una síntesis vigorosa y original respecto de todos los sistemas anteriores. La nota principal para ello sería la fuerza con que subraya la absoluta trascendencia del Uno y la estrecha dependencia respecto de él de todos los seres inferiores de la realidad. El Uno es a la vez trascendente, en cuanto que está fuera y por encima de todos los demás seres, e inmanente en cuanto que todos dependen de él en su ser y en su actividad, y todos tienden a él como a su principio: está más allá de todo ser, de toda esencia, de toda limitación y de toda determinación. Es tal que nada puede predicarse de él, ni el ser, ni la esencia ni la vida, porque está por encima de todas estas cosas.

El Uno es el primero de los tres elementos (las hipóstasis) que interactúan jerárquicamente y que para Plotino constituyen la realidad trascendente. Los otros son la Inteligencia y el Alma, ésta en sus dos caras, la superior y la inferior, generalmente asociadas a un alma cósmica o universal, y al alma humana. La formación de cada uno de estos niveles a partir del Uno se conoce con el nombre de ‘procesión’, en la que el Uno, debido a que todos los seres procrean cuando son perfectos, engendra eternamente y engendra algo eterno, pero también algo inferior a sí mismo, en su caso, la Inteligencia. La Inteligencia procede del Uno y participa de su Unidad, de su Belleza y su Verdad, pero en un plano inferior, porque ya no posee la unidad perfecta, sino que en ella entra mezcla de unidad y multiplicidad. Su acto cognoscitivo no es pura intuición, sino contemplación doble: contempla al Uno y a sí misma, y, en la medida en que todo lo generado ama a su fuerza generadora, la Inteligencia tiende al Uno. Pero no pudiendo intuir la unidad del Uno en un único acto, la actividad de la Inteligencia se multiplica en infinitas Ideas distintas. El Uno que al ser contemplado por la Inteligencia ha devenido plural y múltiple es el mundo platónico de las Ideas.

La Inteligencia también posee virtud creadora, semejante al Demiurgo platónico. De su potencia creadora procede la tercera hipóstasis, el Alma, que es similar a la Inteligencia, pero de carácter inferior, y que resulta una especie de puente entre el mundo inteligible, pues su parte superior conoce el mundo de las Ideas de la Inteligencia no por intuición o contemplación sino por deducción, y el mundo sensible, pues su parte inferior entra en la constitución del mundo material. Se llega así al límite de la realidad sustancial, que finaliza con el Alma. Esta tiene también actividad creadora y se comunica a la materia, y cuando lo incorpóreo genera lo corpóreo y se manifiesta en la dimensión de lo sensible se alcanza el momento extremo en el proceso de expansión de la actividad creadora del Uno. El nivel inferior de este Alma ‘anfibia’ (en expresión de Mas Torres) procede de la contemplación del nivel superior. Pero, aunque la materia está en todos y cada uno de los seres particulares del mundo sensible, no cuenta como una hipóstasis más puesto que es incapaz de volverse, contemplar a sus superiores, y llenarse de contenido.

En su trabajo sobre la relación entre metafísica y ética en Plotino, Juliana Espinal Restrepo hace ver como en la ‘procesión’ el proceso de salida a partir del Uno es un descenso continuo que pasa por grados cada vez menos perfectos de ser y se esfuma en el no-ser, la materia. En este proceso hay una doble actividad. Por un lado, está la actividad constitutiva de la esencia de cada cosa, es decir, la cosa misma en acto: actividad inmanente; y, por otro lado, está la actividad derivada de la esencia de cada cosa, que forzosamente debe subseguir a cada cosa, siendo distinta de ella: actividad liberada. Esta actividad liberada es a su vez doble, por un lado, es actividad prosódica y, por otro, epistrófica. En la primera, la actividad generada es todavía indeterminada e informe, carente de contenido; mientras que, en la segunda, el término ‘generado’ retorna hacia su progenitor para contemplarlo, es decir, inteligirlo; y sólo en virtud de dicha contemplación/intelección cada nivel de la realidad se constituye como lo que es: como un ser inteligible e inteligente. ¿Cómo puede hacer esto, si es que puede, el hombre?

El verdadero yo del hombre es su alma, que ha caído y se ha encarnado en un cuerpo material; esta alma por un lado desea regresar a su verdadero hogar (la Inteligencia), pero por otro es víctima de un engaño por la semejanza con el primer mundo y dejándose llevar hacia abajo por el hechizo de los encantos. Un hechizo que el mismo Plotino hombre vivía con repulsión. Los diferentes autores recogen la bien conocida anécdota narrada por Porfirio en la biografía de su maestro que escribió que Amelius, el discípulo de Plotino, buscando la inmortalidad de la imagen, quiso retratar a su maestro, a lo que éste se negó arguyendo: “¿es que no basta con sobrellevar la imagen con que la naturaleza nos tiene envueltos, sino que pretendes que encima yo mismo acceda a legar una más duradera imagen de una imagen, como si fuera una obra digna de contemplación?”. Para Plotino, su vida no podía ser más que la copia malhecha de una vida ontológicamente superior, de lo que resulta que su misión no podría ser otra que la de subsanar esta nefasta condición.

Plotino no consiguió evitar que esa imagen se produjera, parece ser. El historiador del arte André Grabar, especialista en arte bizantino y medieval, recoge en su ensayo “Plotino y el origen de la estética medieval” el bajorrelieve en el frente de un sarcófago pagano de Villa Torlonia (hoy en los Museos Vaticanos), titulado “Filósofo, dos personificaciones y tres discípulos”, datado nada menos que en el año de la muerte del propio Plotino (270), donde el filósofo figura en el centro del mismo, sentado, impartiendo su lección. Grabar propone la teoría de la enorme influencia del pensamiento de Plotino en el arte posterior a su época, cuando desaparecen la representación figurativa realista y la imitación de la naturaleza, y la pintura parece sólo reflejar su idea de la presencia del Uno, irrepresentable en sí, pero insuflándolo todo.

 

(sigue)

 

Autores y obras mencionadas

Espinal Restrepo, Juliana: “Metafísica y Ética en Plotino. Reflexiones en torno a una divergencia” (Universitas Philosophica 56, año 28: 85-107, enero-junio 2011, Bogotá, Colombia)

Fraile, Guillermo: “Historia de la Filosofía. I. Grecia y Roma” (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2011

Grabar, André: “Plotino y los orígenes de la estética medieval”, recogido en Grabar, A.: “Los orígenes de la estética medieval” (Siruela, Madrid, 2007)

Mas Torres, Salvador: “Historia de la filosofía antigua. Grecia y el helenismo” (UNED, Madrid, 2003)

Plotino: “Enneada I” (traducción y notas de Jesús Igal. Descargado en abril de 2025 de librodot.com)