Palomas de guerra es el título escogido por Paul Preston para un conjunto de cinco biografías de mujeres cuya vida cambió de manera drástica debido a la Guerra Civil española. No son cinco mujeres anónimas, sino que en su medida su participación en la Guerra, o en sus efectos directos, -de cuatro de ellas- es relevante por varios motivos. La quinta mujer, Carmen Polo, no participó directamente, y es sin duda la más famosa de todas ellas. El título, que juega con la imagen de la paloma de la paz, y que si se habla de la Guerra Civil remite casi necesariamente al Guernica, no me agrada demasiado. Pero casi es lo único, porque se trata de una obra apasionante, escrita con gran pulso, que me ha descubierto avatares impresionantes de la vida en guerra, y que, mediante el talento de historiador metido a biógrafo, permite conocer mucho mejor la realidad española de la época que una historia oficial de la Guerra Civil (que obviamente el propio Paul Preston ya tiene).

Mercedes Sanz Bachiiler (vía)

Además de Carmen Polo, las mujeres que Preston biografía son Mercedes Sanz-Bachiller (viuda de Onésimo Redondo, fundadora del Auxilio Social y rival inesperada de Pilar Primo de Rivera en los inicios de las instituciones del régimen), Nan Green (voluntaria comunista británica que vino a España a luchar con su marido a luchar contra el fascismo y fue enfermera en el frente), Priscilla Scott-Ellis (aristócrata británica que fue una de las dos únicas voluntarias británicas del bando nacional en toda la Guerra, relacionada con los Borbones, que llegó a España por amor y que acabó casi siendo adicta a ser enfermera en el frente), y Margarita Nelken (diputada por el PSOE por Badajoz durante la II República, mujer intelectual e independiente, madre soltera y altamente combativa). La selección no es casual, desde luego: dos españolas y dos británicas, dos de cada bando contendiente; Preston no busca en ello justificaciones o escribir sin sesgo ideológico, sino completar un espectro histórico y social del momento. A sus cuatro protagonistas las trata de manera contextualizada y comprensiva en su momento histórico, cuando no directamente admirada ante los actos y episodios que afrontaron.

Nan Green (vía)

En dos de los casos, las biografías de vidas largas, ricas y fértiles son sorprendentes al menos para mí: Scott-Ellis realizó un trabajo durísimo de enfermería pero viajaba en coche privado pagado por su familia, y escribía un diario de su estancia en España donde comentaba episodios cruentos con una ingenuidad aristocrática impensable en quien atendía moribundos con diligencia. Llegó a España persiguiendo a un príncipe Borbón homosexual del que se había enamorado, y que acudía a fiestas en la retaguardia con gente que a la mañana podía bombardear Durango y a la tarde ir a las carreras en Lasarte. Volvió a Inglaterra a descansar gracias a los lujos de su familia y aún así prefirió volver al frente… Acabó desgraciadamente casada con José Luis de Vilallonga. Nelken, por su lado, también acumula una increíble biografía, desde su origen judío de padres extranjeros asentados en Madrid. Fue madre soltera de dos hijos de padres diferentes y una mujer de gran capacidad intelectual como escritora y crítica de arte, labor con la que sacaba adelante a su familia, y que le permitía conoce a la élite artística e intelectual del país. Pasó innumerables polémicas en la machista política de aquel tiempo (incluido el PSOE), pero cuando se cambió al PCE el autoritarismo jerárquico de éste acabó por expulsarla. Su combatividad en Cortes era legendaria: fue una polemista agresiva que se ganó muchos enemigos en la defensa del explotado campesinado extremeño. Su hijo adolescente combatió en la Guerra Civil y luego en la II Guerra Mundial, muriendo en Ucrania. Arrastró a su familia (hija, nieta, madre) al exilio en México, donde con muchas dificultades, y ninguneada por sus problemas con los partidos políticos, siguió trabajando.

Priscilla Scott-Ellis (vía)

Y ello sin despreciar los peculiares momentos de Sanz-Bachiller y Green. A las cuatro, que conocieron sinsabores enormes en la Guerra (la muerte de maridos e hijos entre ellos) les unen en mi opinión dos cosas consuetudinarias con la Guerra: una abnegación sin límites en su labor, fuera su causa la que fuera, y la decepción personal y política de un mundo mezquino que en cada caso las defraudó, traicionó y despreció incluso desde la propia ideología o sociedad a la que pertenecían. Esta sororidad histórica entre sufrientes de un mundo infernal se une al riquísimo retrato social de Preston para hacer del libro una lectura adicta.

Margarita Nelken (vía)

¿Y Carmen Polo? Bueno, parece que figura como contrapunto. El retrato de Preston aquí ya es menos comprensivo. No llega a lo inmisericorde, pero no puede simpatizar de manera alguna con una mujer altiva y arrogante, que compartió o alentó la crueldad de su marido cuando tuvo oportunidades de hacer lo contrario, y que se quiso entronizar; no pagaba facturas, decoraba gratis propiedades que la familia se agenció, luchó por conseguir que el régimen continuara, y todo ello desde una gran frialdad. Preston completa con ella el relato del país que fuimos durante el siglo XX y aunque su ejemplo es de todo menos vivificante, es posiblemente necesario para recordar que la España que convirtió en su cortijo era una de las realidades insoslayables del país, y que, desgraciadamente, aún hace sombra.

Paul Preston (vía)

 

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