Detrás de un título que me parece feo como Lo que el cerebro nos dice (el original –The Tell-Tale Brain– es mejor y una hasta bonita cierta sutil referencia al cerebro como contador de historias) se esconde una apelación a la necesidad de trabajo experimental para llegar a conclusiones fiables en el estudio neurológico, que es el tema del libro. El subtítulo, Los misterios de la mente humana al descubierto, no obstante, no augura lo mejor, con su aire esotérico en lugar de científico. Sería así fácilmente un libro que no comprara, pero como fue un regalo de dos lectores ávidos y rigurosos de divulgación científica, mantuve la confianza.

Un paciente amputado usando una caja espejo para poder entender su miembro fantasma

E hice bien: Lo que el cerebro nos dice es una fascinante descripción de problemas neurológicos por parte de su autor, un reconocido neurólogo llamado V.S. Ramachandran, que consigue –o intenta, pues no siempre es posible- diagnosticarlos con una recia atención a los diferentes síntomas de los enfermos para, a partir de ello, intentar dilucidar la estructura funcional del cerebro como órgano, mejorar en su comprensión, y, claro está, en la solución a enfermedades. Los ejemplos son un montón: los llamados miembros fantasma, la empatía física con el dolor o placer ajenos, las personas que sufren diferentes tipos de sinestesia y autismo, los trastornos diferentes de habla o lenguaje, el reconocimiento de la voz de una persona pero no de su cara, ¡incluso los fundamentos cerebrales de la apreciación del arte! y un largo etcétera. El libro interpreta fisiológicamente los resultados que obtiene, lo hace de manera llana y accesible, y aunque en algunos apartados teoriza algo más allá de las deducciones más lógicas, toma precauciones al decirlo y rara vez establece paralelismos con otras aproximaciones al estudio del comportamiento cerebral, aunque es inevitable que trate del psicoanálisis en el capítulo dedicado a la introspección y la conciencia.

Entre lo mejor de Lo que el cerebro nos dice está la sensación de entusiasmo que desprende el autor, aparentemente fascinado por el tema de estudio, que permite además aprender en detalle aun siendo neófito, y siempre que no se desee distinguir al dedillo el nombre de cada región cerebral. Por otro lado, y lamentablemente, no está tan interesado en la literatura como tal, diría yo. No lo digo por la estructura del libro, que sigue una cierta pauta divulgativa y trabaja bien los gráficos, sino más bien por el rancio sentido del humor del autor –con una serie de chistes innecesarios que a veces aparecen en sus frases con objetivos desconocidos-, y una redacción mejorable, que nos trae de nuevo al asunto de la traducción. En fin, se puede escribir de cosas interesantes, pero no por ello hacerlo bien del todo.

V.S. Ramachandran, por David Shankbone

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