Hoy regresamos a Shenzhen, pero el viaje supone parar en Quannan, ciudad en la que Chen debe visitar terrenos para una posible planta y formalizar una firma. Tomamos de nuevo la autopista, con sus camiones de varios ejes y sobradamente sobrecargados, su circulación a alta velocidad alternada de periodos de 20 minutos totalmente parados por mor de un accidente, unas obras, o cualquier circunstancia inexplicable, y en Quannan nos recibe de nuevo todo el Partido Comunista local. Nos llevan a visitar tres terrenos; el primero tiene una montaña con tres pequeños picos, y eso les entusiasma porque… ¡parece un Buda que acogerá y bendecirá el negocio! Hay otros detalles que lo favorecen , pero son materiales, tschk: hay un arroyo necesario para captar agua (pero no un río que pueda contaminarse), está cerca de la carretera, y el terreno supondría desplazar a sólo 6 familias de agricultores que en ese momento estaban cuidando sus arrozales ajenos a la importancia que tendría en sus vidas los tejemanejes de los señores que estaban ahora mismo en el terreno.




Si este terreno era de una belleza importante, con un verde insultante del arroz y el resto de plantaciones, el segundo lo supera. Rodeado de montañas con bancales de cultivo, y mucho más amplio, a ambos lados tiene sendos ríos caudalosos, uno de los cuales alimenta directamente a la ciudad. Esto desaconseja su uso, más que el pobre acceso por carretera (el gobierno lo arreglaría), o las 80 familias a desplazar en este caso (el gobierno lo arreglaría). De la ausencia de Buda no se dice ahora nada.

El tercer terreno no consigue visitarse porque los accesos son demasiado difíciles y una prudencia inesperada en Chen le hace descartarlo.

En un lujosísisimo y muy vacío hotel de Quannan tiene lugar la firma mencionada, que resulta ser de mayor apariencia de lo esperado: hay televisión y prensa oficial. Una foto conmemorativa con Chen, los cargos del partido, y los dos socios extranjeros (((—nosotros—))) bajo una banderola con ideogramas que no nos traducen, precede a una comida en una inmensa mesa redonda para 16 comensales. Los GAN BEI vuelven a aparecer, con un vino tinto rebajado, para los que somos invitados estrella. ¡El Partido está encantado! ¡Y borracho! El secretario tiene a la vez otra comida en el salón que está enfrente del nuestro, y entra y sale cuando quiere, y así lo hacen también dos o tres funcionarios que le acompañan.

Las despedidas son efusivas y finalmente nos dejan salir a nuestro destino. Descubrimos que el Partido Comunista ha pagado todas las comidas y el hotelazo del que salimos a la mañana, y, con mil reverencias y sonrisas, nos dejan marchar.

Viaje realizado en julio de 2010 (etapa iii de iv)

2 comentarios en “Un comunista pagó mi hotel”

  1. La apreciación sobre los motivos de la embriaguez del partido son correctos, claro!

    Después de la visita, resulta que no se quedaron con ninguno de los terrenos, sino que pudieron visitar más y escoger otros, de modo que no conozco el finalmente escogido. Pocas cosas son realmente definitivas en el mundo de los negocios en China, y posiblemente este tour tan apretado no era sino una puesta en escena entre el empresario chino, las autoridades locales, y los posibles socios. Los occidentales éramos una parte importante del atrezzo.

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