The Niebaum-Coppola Cafe. En Columbus Avenue, el pequeño edificio verde en chaflán que se recorta contra la pirámide de la Transamerica (cuyo observatory deck está cerrado desde el 11S) es la sede de la Zoetrope. En el wine taste bar de la planta baja pueden degustarse a unos 8$ la copa los vinos de la reserva personal de Francis Ford entre fotos de rodaje de películas varias y grandes posters antiguos de películas varias, incluyendo por supuesto muchas de la casa. El dueño del bar amablemente te enseñará sus fotos con Philip Kaufman o Andy García y te explicará las experiencias de su mujer con los bailaores flamencos de Sevilla (a su entender, todos los gipsy dancers del sur de España son marricones)


Golden Gate Park. Desgraciadamente en obras, impidiendo la buena movilidad interior y el que haya la vida debida habitual al parque en un sábado de glorioso tiempo primaveral. El invernadero sigue siendo una estampa estupenda (esa combinación de verde y blanco brillantes con un azul cortesía de la meteorología sólo la recuerdo en el Sacre Coeur parisino de un octubre ya lejano). El jardín japonés está visitable, tan tranquilo y estupendo, a pesar de la aglomeración de personal en la cafetería que impide que te hagan el ritual del té como es debido.


Fisherman's Wharf & Pier 39. El mercado del pescado de SF no es gran cosa si se compara con otros, creo yo. Como el de Seattle, por ejemplo, o el de Bergen. O eso o los inconvenientes del fin de semana, que todo puede ser. SF no tiene un parque de atracciones junto a su zona portuaria, aunque sustituye eso por un centro comercial de diseño altamente atractivo como el Pier 39, de inspiración marinera. Pero ni Pier 39 ni el mismo Fisherman's Wharf ni Ghirardelli Square, aquí cerca, merecerían en realidad más atención sino por algunos detalles verdaderamente inhabituales. En el Pier 39, las diez plataformas donde los leones marinos y las focas se dedican a pasar el día dormitando y mugiendo a volumen desaforado, retorciendo sus cuellos, peleándose amorosamente, o tirándose al agua, disfrutando de una vida que huye del mundanal ruido. Es un espectáculo fascinante observarlos, puede uno quedarse pegado durante quince minutos sin saber muy bien a cuál de ellas atender. La cercanía, la espectacularidad de los animales, la sensación de libertad que da que estén a mar abierto y sin embargo prefieran vegetar ahí mismo... En Fisherman's Wharf entramos en una de las cosas más curiosas que haya visto en los USA: un museo mecánico. Está lleno de máquinas y atracciones de feria de las tres primeras décadas del siglo veinte. La entrada es gratuita, pero para hacer funcionar las máquinas necesitas echar uno o dos quarters. Todos hemos visto el tipo de máquinas que son: adivinadores o cumplidores de deseos como el que salía en Big. Rollos de películas antiguas a pasar con una manivela. Pequeños juegos de feria. Pianolas que funcionan solas con el mecanismo al aire. Mecanos de granjas, parques de atracciones, trenecitos o serrerías que se iluminan y funcionan musicalmente durante unos minutos, moviendo sus pequeñas piezas con un encanto nostálgico ya perdido. Fabuloso lugar que ahora me entra la duda de saber si es permanente ahí o si sería algo temporal.

Alcatraz. Visita ineludible, interesante por aquello de que siempre hay que conocer todas las partes del comportamiento humano... Sin embargo, me resulta desagradable, porque me suena a que me venden una gran mentira. Tal vez pueda discutirse que Alcatraz deba haber sido convertida en una Disneylandia, porque se trata de una Disneylandia del horror, del carácter vengativo que incluso por ley tiene la política judicial y penitenciaria norteamericana. Entiéndase, son los mismos creadores del sistema los que montan un museo (con una entrada al módico precio de 16$ incluyendo barco y audioguía) en que explican la vida de quienes se salían del sistema con especial dedicación. Encuentro una cierta perversión en esto, en que los niños americanos se formen (bajo la idea que tenemos todos de que en los museos se cuenta la verdad) en estos valores, en que sepan qué le ocurre a quien se sale del redil... Son los valores de una guía que dedica quince minutos a explicar cómo marines y ejército sofocaron con gloria el motín del 46, pero que explica en tres minutos cómo se escapó Clint Eastwood de allí, casi parece que eso fuera una vergüenza para el sistema. Eso sí, las vistas desde la isla son acojonantes. Y los recuerdos de la peli de Don Siegel verdaderamente vívidos.
Chinatown. Coño, pues no hay nada de celebración por el año nuevo... El Chinatown de SF tiene más encanto que el de otros lugares. Pienso mainly en NYC, tan enorme, tan acelerado como toda la ciudad... Chinatown, SF, arrasado por el incendio de 1906 y reconstruido después, es más pequeño, pero a la vez es más recogido y más intensamente chino, con algunas callejuelas oscuras, con sus restaurantes de las diferentes escuelas de cocina de la comida china, y sus bazares comerciales, muchos de ellos muy turísticos, por lo que hay que buscar locales (que los hay, y en abundancia) donde la iluminación sea más baja, donde no existan cachivaches de souvenirs, y donde perderse entre scarves y wooden boxes y rollos de papel caligrafiado como si estuviera uno en Hong Kong. En un área hay cuatro almacenes de música y DVDs, todos ellos en glorioso chino, rodeados de posters de pelis ignotas del mejor estilo jonkonés. Intento comprar un póster de 2046 con los créditos en chino, pero fracaso en mi entendimiento con el dependiente, que no me entiende que no quiero la película (duda tremenda que me entra de pensar en qué coño de zona la tendrán). Sólo algunos edificios de Chinatown mantienen el encanto de las viejas construcciones del lejano oriente. Hay templos varios, alrededor curiosamente de una iglesia cristiana.
(vía) 

Los taxistas de SF. Son una especie de historia reciente de la ciudad. Todos amabilísimos y todos llegados acá de otras partes. Ha habido varios, y todos ellos han preguntado de dónde somos con amabilidad suprema. A destacar.
Un ucraniano que lleva 4 años en SF:
'You like America?'
'Well, you know, everything is so different here... but San Francisco, you know, it's always spring in San Francisco...'
Claro que viniendo de Ucrania no me extraña....
Un argentino que vino llamado por el movimiento hippy hace treinta años
 'sshevo acá todo este tiempo, pero ssho no soy gay'
(no me atrevo a decirle si al afirmar eso la gente no piensa precisamente lo contrario, ejem; el tío nos detalló cada tienda de Haight Ashbury que le dio tiempo). Y al cual se le notaba el acento argentino al hablar en español, pero no en inglés.
Un neoyorquino que llegó en el 74, cuyo hijo vivió en Argentina (claro, como nosotros venimos de España, lo lógico es que eso nos resulte de interés, ¿verdad?) y del cual nos enseña una foto... ¡porque se parece a Pierce Brosnan! Y en efecto, así era, como una versión del irlandés en plan jovencito de buen apetecer.
Otro que nos lleva de paseo por Pacific Heights aunque no pillaba exactamente de camino mientras nos enseña casas como la original de Levy Strauss y nos explica sus experiencias en Barcelona durante 1956...
Y otro que se nos pone a explicar que nuestro español no suena como el de los mexicanos (so loudy), sino como si fuera 'francés'. Porque hablamos bajito, dice. Lo consideramos una afrenta a nuestro honor y decidimos hacer que lo pase mal:
Well, in America you know, not only Spanish is spoken very loud‘, y
‘Our Spanish sounds like French to you? Excuse me, but, what do you exactly mean?’
Uno nunca le diría esto a un taxista de NYC o de Madrid, por supuesto. No vemos si enrojece, porque es indio, pero balbucea la respuesta. Pobre. Porque es innegable que la ciudad sigue siendo un lujo de amabilidad y que este conjunto de taxi drivers da una idea de su cosmopolitismo. No es que como en todas partes vengan todos de muy lejos (que también), es que parece que les gusta aprender, escuchar a la gente que viene a visitar el lugar, y acoger a cualquier nueva persona que se acerque a la ciudad, como si nunca se supiera quién se va a quedar a formar parte del vecindario.
Camiseta del día:


Viaje realizado en febrero de 2005 (etapa ii de iii)

2 comentarios en “Frisco, tierra y mar”

  1. Bien por esa foto tuya!
    Confieso que el museo mecánico me gustaría, tienen un encanto especial estas modernidades del pasado.

    Me quedo con lo de la amabilidad, aunque no sé si soy capaz de imaginármela, escasea tanto… "es que parece que les gusta aprender, escuchar a la gente que viene a visitar el lugar"

  2. Estados Unidos suele sorprender mucho por la amabilidad de su gente en el trato. Tenemos mala imagen de ellos, en gran parte también creada por ellos mismos y su propia representación en las películas, y por ello ver su buena disposición es muchas veces flipante.

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