La memoria visual que tenemos de los barcos de la antigüedad, la que proviene de las películas, suele ser la de barcos de madera sin más. Por lo que vi en el museo Vasa, parece que sin embargo era muy común que los barcos se pintasen de brillantes colores y que vistiesen con ellos la multitud de relieves y esculturas que podían llegar a adornar goletas, carabelas y otros futuros pecios. En el casco recuperado del Vasa han llegado a pintar sobre el mismo barco una zona, con sus tritones y nereidas. Las figuras mitológicas, las figuras históricas y diferentes símbolos podían pintarse de colores agresivos (los de la foto se supone que siguen los modelos usados en 1628, pero no hay seguridad total de ello) para intimidar a los posibles enemigos. El barco entero pintado de esta guisa debía ser algo de lo más fashion, desde luego. ¿Intimidatorio? Bueno, no sé, eran otros tiempos..





Aunque Linneo no quiso ser ministro de Dios, seguir la profesión del padre era la costumbre casi obligatoria de la época. Al parecer, el padre se disgustó mazo, pero curiosamente Linneo no aplicó la misma libertad con su hijo. Linneo hijo heredó finalmente la cátedra de su padre en la universidad de Uppsala, y parece que aunque sus conocimientos no eran pocos después de años de vivir bajo el paraguas del famoso médico y botánico, el chico no debió de heredar su cerebro ni brillantez. Y en la cátedra no duró mucho: Linneo hijo murió sólo 5 años más tarde que su padre. Dicen las hagiografías que Linneo vivió preocupado toda su vida por que a su muerte a su familia no le faltara nada. Su casa en Uppsala era propiedad de la universidad y al heredar el hijo la cátedra también pudieron seguir viviendo allí. Pero no duró mucho la alegría. Así, la mujer y madre, autorizada en el testamento a hacer lo que debiera con los fondos y almacenes de Linneo, que contenían plantas, minerales y restos animales de todo el mundo, los subastó al mejor postor. Los compró un museo de Londres, que los cuida y expone maravillosamente hoy en día. Pero para los suecos fue una traición en toda regla.

La tumba de Linneo, su hijo y su mujer, rodeada de flores, es lo primero que se ve al entrar en la catedral de Uppsala. Su lugar es más destacado que el de ningún monarca ni ningún héroe patrio en ninguna de las iglesias de Estocolmo o Uppsala.





No se encuentran en suecia demasiadas referencias a la Reina Cristina de Suecia. Hija de uno de los reyes más poderosos de la historia de su país, y heredera del trono siendo niña, la leyenda dice que Cristina fue educada como un chico -ropas incluidas- puesto que tendría algún día que asumir la corona como un hombre. Pero a Cristina, que mientras duró en la corona firmó tratados de paz y fomentó la cultura y todas esas cosas tan propias de una reina mujer, el cargo se le debió indigestar. Bueno, la obligación de tenerse que casar con un santo varón, preferentemente su primo, se le debió indigestar especialmente. Abdicó joven y en pocos meses se convirtió al catolicismo en una época en que Suecia era un país defensor a ultranza de la reforma. Acogida con honores por el rey de España o por el Vaticano, es una de las tres mujeres que están enterradas en la basílica de San Pedro.

La leyenda también nos lleva a la imagen de la Garbo llevando adelante su barco en la peli en que interpretó a Cristina. Una de esas imágenes que la hacen diva gay modo ‘classic’, aunque parece ser que Cristina era fea y contrahecha, ya ven qué decepción. A saber cómo era el primo, claro…. La tumba de Cristina, sin embargo, sí debe estar a la altura de la de su intérprete, que ya ven en la foto que, modestamente, se pidió para ella sola un cerro de un cementerio patrimonio de la Unesco. Sí, lo del centro es la lápida de Greta. No basta con ser estrella en vida..





Y ya que estamos con cine, la promoción a todo lo grande de los films de Hollywood en pleno centro de Estocolmo tiene su gracia. Al monstruo y su burro de Shrek 3 me los ponen en un cineplex en la misma plaza en la que se encuentra el auditorio donde se entregan los premios Nobel, y que no se ve en la foto. Uno tiene tentaciones intelectuales de mostrar la contradicción de los tiempos, el contraste entre la cultura y las ciencias por un lado y la mercadotecnia salvaje que nos domina por el otro. Hasta que se da cuenta de que en realidad, los premios Nobel son mucho más pOp que Shrek. ¿Hay algo más pOp que ver a la realeza sobre un escenario? ¿Qué moldes repite Shrek en sus historias más que los de la sangre azul mirada de forma aparantemente irreverente? ¿Ah, que es pOp el hecho de que Shrek 3 es producto de consumo y desaparecerá enseguida, mientras que lo otro no? Txá, ¿qué es la monarquía sueca, o incluso la ciencia humana, en la vida de las estrellas? Naderías… naderías poppies…






Viaje realizado en agosto de 2007

2 comentarios en “Tumbas y susurros (iii)”

  1. "mientras duró en la corona firmó tratados de paz y fomentó la cultura y todas esas cosas tan propias de una reina mujer, el cargo se le debió indigestar"

    Pero Goio… ¿así, sin más? Me surgen preguntas y matices porque tal cual está casi "se me indigesta". Y no lo digo por ser políticamente correcta, que de eso tengo poco. Si yo hubiera tenido que hacer la mili, jamás sería "objetora de conciencia", en todo caso “insumisa”.

  2. bueno, no se le indigestó por firmar tratados de paz o fomentar la cultura, sino por lo que venía después en la entrada: por tener que casarse con un señor por obligaciones del cargo. Mmmh, no se entiende muy bien, ciertamente. Supongo que hacer la paz y favorecer la cultura no son cosas que se viera obligada a hacer y supongo que de hecho preferiría reinar así. Pero no me agrada del todo que muchas veces en las crónicas históricas estos valores se asocien a las reinas, porque es una forma sutil de machismo de historiador. Aunque también me lleva a preguntarme si tal vez los gobiernos y ministros masculinos no confiaban en ellas para políticas más agresivas, y por ello se veían relegadas a esas funciones, las que ahora normalmente el poder reserva a las llamadas primeras damas.

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